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OPINION

En qué país vivís

Vivimos en otra Argentina, donde millones de ciudadanos apostaron a la transformación. Por Sergio Fernández Novoa - Presidente de ULAN y Consejo Mundial de Agencias de Noticias. Vicepresidente de Télam

Cuántas veces escuchamos el interrogante que le da título a esta nota. Convertida en una suerte de muletilla nacional, preguntamos “en qué país vivís” cuando discutimos de política, economía, fútbol o cine. En todos los casos, cuando consideramos que nuestro interlocutor tiene poco registro de una realidad que a nosotros se nos aparece evidente, lógica, indubitable.

Una década atrás, por ejemplo, si alguien nos decía que la Argentina protagonizaría el entierro del ALCA o que sería determinante para la unidad política, económica y cultural que hoy expresa la UNASUR, hubiéramos disparado a quemarropa con hiriente sarcasmo: “Si claro, en qué país vivís”.

Es que a pesar de la resistencia al neoliberalismo que durante la década del noventa protagonizó el movimiento popular, sonaba increíble que el proyecto imperial más ambicioso de los Estados Unidos para América Latina pudiera ser abortado por los países de su propio “patio trasero”.

Incredulidad basada en la experiencia concreta: salvo honrosas excepciones, los gobiernos de la región se pasaron gran parte del siglo XX tratando de agradar al vecino rico y peleándose entre sí. Sin embargo, ocurrió aquel histórico 5 de noviembre de 2005 y Néstor Kirchner, empoderado por los gobiernos populares de la región, le dijo que no a George W. Bush en su mismísima cara. Hizo trizas, con un monosílabo, el intento de meter al zorro en el gallinero, tal como lo recordó esta semana en Mar del Plata la Central de los Trabajadores de la Argentina junto a otras organizaciones sociales y políticas. Por eso hubo un tono de gesta en quienes homenajearon al ex Presidente en el marco de los talleres y debates con que cientos de militantes provenientes de todo el país recordaron aquel “No al ALCA”.

Seis años después de aquella IV Cumbre de la Américas, como en un deja vu, ese episodio encuentra continuidad en las palabras de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner ante los poderosos del mundo reunidos en Cannes: para que gobierne la política y no los poderes económicos-financieros de siempre hay que enfrentar intereses pequeños pero muy poderosos. El que no lo haga, que se resigne. Y se atenga a las consecuencias.

En otras palabras, Cristina les recordó aquello que alguna vez dijo Perón: el pueblo avanzará con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes. Y si restaban hechos para ratificar sus decires allí están las renuncias de Silvio Berlusconi y Gyorgos Papandreu, Primer Ministro de Italia y Grecia respectivamente. Ambos anunciaron que dejan sus cargos, después de transitar el impiadoso camino de sucesivos ajustes que con tanto ahínco receta el poder financiero y que con creciente vehemencia rechazan la mayoría de los italianos y griegos.

El lacónico y escéptico “en qué país vivís” de hace algunos años, también naufraga ante temas tan sensibles y prioritarios como la educación y la reducción de la pobreza. Según el informe “Análisis y Evaluación de los aspectos educativos de la Asignación Universal por Hijo”, dado a conocer esta semana por el Ministerio de Educación de la Nación, el retorno a la escuela de chicos que la habían abandonado, el aumento en el presentismo y la mayor vinculación de los padres con el colegio de sus hijos son consecuencia directa de la implementación de ese derecho.

El ministro Alberto Sileoni explicó que cerca de 140 mil niños ingresaron al sistema escolar gracias a la Asignación Universal por Hijo. Lo hizo, además, con una frase tan bella como impensada durante los noventa: “el corazón de la escuela vuelve a ser el aula”. Es que en la Argentina del “en qué país vivís”, los pibes pobres iban a la escuela para que en el comedor les diesen aquello que sus padres desocupados no podían: un vaso de leche y algo para comer.

Hoy el interrogante tiene múltiples respuestas. Vivimos en el mismo, pero también en otro país. No hay dudas. Aunque haya mucho por hacer y necesidades diversas por resolver. A pesar, incluso, de que las tapas de algunos diarios invoquen al miedo y la zozobra: “Colectivos: advierten que el boleto podría costar el doble” (La Nación, 8 de noviembre), “La industria pagará hasta 150 % más de luz” y “86 % de las inmobiliarias creen que las medidas afectarán al mercado” (Clarín, 9 de noviembre). La lista es larga, el objetivo, el mismo.

Vivimos en otra Argentina, donde millones de ciudadanos apostaron a la transformación. Nuevos horizontes nos plantean otros interrogantes, pero cada tanto nos sorprendemos al interpelar desde muy adentro nuestro a alguno de los grandes medios: “y vos, ¿en qué país vivís?”.





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